El objetivo de este trabajo es interpretar los procesos de subjetivación juvenil afrocolombiana que emergen en la intersección entre el racismo estructural y la economía de la muerte en El Charco, Pacífico colombiano. Teórica y políticamente, se sitúa en el cruce de los estudios culturales, afrocolombianos y de juventudes, desde la perspectiva del contextualismo radical que busca ir más allá de certezas y comodidades teóricas, adentrándose en los entramados del poder y sus complejas articulaciones para producir lecturas críticas con implicaciones políticas. Metodológicamente, adopta la autoetnografía como metodo y estilo de escritura, articulando autobiografía y etnografía para vincular la experiencia personal con el trabajo de campo y el análisis crítico, permitiendo comprender cómo las estructuras de dominación se encarnan en experiencias concretas: lo personal es político.
Los hallazgos muestran que el racismo estructural trasciende la discriminación individual, constituyéndose como un sistema que ejerce violencia y reproduce desigualdades que interpelan a las juventudes afrocolombianas. Asimismo, evidencia que este racismo crea las condiciones para la instalación de la violencia armada y las dinámicas de la economía de la muerte, que, en su matriz de juvenización, configuran el afrojuvenicidio. En este escenario, marcado por precariedades y violencias, emergen subjetividades juveniles que, a la vez que responden a los mandatos del poder, disputan y reconfiguran sus lugares de existencia y resistencia.
The aim of this study is to interpret the processes of Afro-Colombian youth subjectivation that emerge at the intersection between structural racism and the economy of death in El Charco, on Colombia’s Pacific coast. Theoretically and politically, it is situated at the crossroads of cultural, Afro-Colombian, and youth studies, drawing on the perspective of radical contextualism, which seeks to move beyond theoretical certainties and comforts by delving into the intricate configurations of power and their complex articulations in order to produce critical readings with political implications. Methodologically, it adopts autoethnography both as a research method and as a writing style, weaving together autobiography and ethnography to connect personal experience with fieldwork and critical analysis. This approach enables an understanding of how structures of domination become embodied in concrete experiences, affirming that the personal is political.
The findings reveal that structural racism goes beyond individual acts of discrimination, constituting a system that exerts violence and reproduces inequalities that directly affect Afro-Colombian youth. Furthermore, the study shows how this racism lays the groundwork for the entrenchment of armed violence and the dynamics of the economy of death, which—through a matrix of juvenilization—shape the phenomenon of afrojuvenicidio. In this context, marked by precarities and violence, youth subjectivities emerge that, while responding to the mandates of power, also contest and reconfigure their spaces of existence and resistance.